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La Coctelera

begoripalda

6 Marzo 2010

PRIMERA SEMANA DE MARZO

 

 MARZO AL FÍN, MARZO, EL PRINCIPIO.

 

 A finales del largo invierno, es marzo el mes de los comienzos. El día crece y se ilumina,  el pálido sol de invierno va buscando su sitio en el cielo y las violetas empiezan a dejarse ver. Hay yemas tiernas en los árboles y los amarillos de la retama y la argoma  colorean los dos lados de la autovía, las mimosas amenazan con romper... Marzo es un mes de proyectos y promesas. Es tiempo de preparar la tierra y saber qué es lo que quieres recolectar luego. Separaremos las mejores semillas y las esparciremos  sabiamente, con ilusión. Comienza de nuevo el ciclo de la naturaleza y nosotros participaremos de este renacer con energía renovada.

 

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EL ÚLTIMO MOHICANO

 Juntábamos las "platas" de chocolatinas y caramelos. Teníamos luego dos posibilidades: alisarlas con esmero y apretarlas una sobre otra dejando, eso sí, encima de todas la roja, que era la más bonita, o bien la otra posibilidad que consistía en hacer  una bola con todas ellas apretando fuerte y sin diferenciar colores, lo importante en este caso, era  el grosor de la bola y su dureza. Yo prefería el primer  método y mis "platas" estaban impecables,  sin embargo la admiración de  toda la clase se centraba en aquella bola plateada y enorme de una de mis compañeras, una bola que adquiría unas dimensiones considerables y que al caer sobre el pupitre  metía un ruido seco "!plock!"  y no rebotaba en absoluto.

Todo este esfuerzo se hacía por "las misiones", un ente lejano y misterioso cuya representación en la clase consistía en unas huchas con forma de cabeza: un  chino, un negro,  y... mi preferido, un indio con un precioso penacho de plumas.  A  mí el indio me gustaba porque  se parecía a Uncas,  el último Mohicano, el indio bueno, amigo de "Larga Carabina" y enamorado de Alice  que a su vez era la hermana de Cora. Todos ellos huían de Magua y de los Hurones, que eran los indios malos y crueles que arrancaban cabelleras entre gritos y aullidos aterradores.  A mí me gustaba Uncas,  porque era valiente y tierno y ... muy guapo.

Yo echaba alguna peseta que otra en la hucha del indio. Sor Adoración, en un alarde imaginativo decía que era un sioux, pero yo sabía que era Uncas y que sor Adoración sabía mucho francés pero no tenía ni idea de indios. Cuántas veces me quedaba mirando a aquella hucha en su mesa y  mis pensamientos  se iban de un salto a tierras indómitas y salvajes y  Uncas   tiraba de mi mano con firmeza  y yo era Alice y con mi hermana Cora y con "Larga Carabina"  huía por los densos bosques y cruzaba ríos peligrosísimos mientras en el mundo exterior  toda la clase luchaba con ecuaciones  de una incógnita.

Fue muy útil despejar  "X"  pero más fascinante fue la magia que flotaba a mi alrededor entre libros  de aventuras, cabezas-hucha, mapas de países lejanos y  papeles brillantes de "plata". De mis doce años y de aquel  maravilloso  tercer curso de Bachiller, sinceramente, me quedo con Fenimore Cooper y su "Último Mohicano" .

 

LAS VIOLETAS

 

Aparecen tímidas, casi ocultando su belleza de orquídeas entre la hojarasca. Yo no creo que las violetas sean "humildes" ,  sino que son  muy selectivas y un poco VIP. Están ahí sólo para los ojos de quien aparta las hojas y las observa, nos eligen y ahí se da el encuentro mágico, la fascinación ante sus tonos aterciopelados y su simetría.  no están entre  las primeras flores que prometen primaveras con amarillos chillones por los campos, las violetas, más elegantes, más discretas,  aparecen acompañándonos por las lindes del camino que va dejando el invierno atrás.

 

Yo, con las violetas

 Yo, con las violetas

No hago ramitos. 

Aparto las hojas para verlas,

Y, a veces, sonrío.

 

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PERFILES, PERSONAS Y PERSONAJES:   ÁNGELA

A Ángela no le ha importado  mucho la moda a lo largo de su vida. Ángela no es ni alta ni rubia, ni es especialmente delgada, ni tiene los ojos azules. Digamos que su físico es  agradable,  no mucho más.  A Ángela le gusta ver escaparates por puro "ver cosas" o ir de compras por "revolver un poco", pero Ángela se planta su jersey y sus pantalones y mientras se vea razonablemente aceptable ya le vale, vamos que no se curra el asunto del rímel ni los tacones, en fin, que pasa.  Pero curiosamente, Ángela siempre lleva algo conjuntado, la bufanda y los calcetines, los pendientes y el jersey, algo que armoniza en color o en estilo, es ... su toque de coquetería.  Ángela le da importancia a otras cosas, se fija en otras cosas, es feliz con otras cosas.  Eso de la moda..., bueno, pues está ahí, vale.  Ángela, chata, vámonos por ahí a tomar un coffee, y luego  al mercadillo o al outlet a revolver un poco. Te llamo y quedamos, venga.

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