DOS NOBEL (Y PONGA USTED EL ACENTO PROSÓDICO DONDE LE DÉ LA GANA Y QUITE LA TILDE DE “DÉ”, SI LE APETECE)

En este momento coincido en la lectura de dos autores Premio Nobel. A Vargas Llosa lo estoy leyendo en su "Sueño del celta" porque "hay que" y porque siendo Don Mario un autor que nunca me ha llamado mucho la atención, quería comprobar si había un porqué. A la forma de escribir del actual Nobel le aprecio corrección y un discurrir de la acción que, bueno, bien, pero por alguna razón a mí ni me emociona ni me atrae especialmente. Quizá no es él, soy yo, la que no veo el atractivo y simplemente no es el tipo de literatura que me gusta. No voy a decir más sobre "El sueño del celta" otros habrá que lo aprecien en su justa medida. Coincido, como decía, en la lectura de dos "nobeles". El "otro" es García Márquez. Por tercera vez discurro entre las páginas de "El amor en los tiempos de cólera". Lo estamos leyendo en clase en el módulo de literatura y cada semana nos adentramos en ese jardín florido que es el universo literario de este escritor XL. Nos descubrimos inmersas en increíbles descripciones de situaciones, de sentimientos que nos llevan hacia adelante parsimoniosamente en una historia que se va devanando, que nos envuelve y nos arrastra con suavidad como las aguas de un río caudaloso y sereno, un río de esos que aparentan aguas mansas pero que arrastran con fuerza cualquier cosa que se encuentran en el camino.
Aconsejable la lectura de esta gran novela si se quiere leer despacio y disfrutar de una narración "slow" impecablemente escrita. No soy nada objetiva, lo sé. Es una magnífica novela.
Dejo aquí un fragmento para colocar en una tosta y paladear como aperitivo-delicass.
El amor en los tiempos de cólera (fragmento)
" Terminaron por conocerse tanto, que antes de los treinta años de casados eran como un mismo ser dividido, y se sentían incómodos por la frecuencia con la que se adivinaban el pensamiento sin proponérselo, o por el accidente ridículo de que el uno se anticipara en público a lo que el otro iba a decir. Habían sorteado juntos las incomprensiones cotidianas, los odios instantáneos, las porquerías reciprocas y los fabulosos relámpagos de gloria de la complicidad conyugal. Fue la época en que se amaron mejor, sin prisa y sin excesos, y ambos fueron mas conscientes y agradecidos de sus victorias inverosímiles contra la adversidad. La vida había de depararles todavía otras pruebas mortales, por supuesto, pero ya no importaba: estaban en la otra orilla. "
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