SONETOS PARA UN DESAYUNO DE DOMINGO
"Cómo decir mi corazón dormido..."
.Qué cosa por dónde nos lleva el soneto. Ante las dudas sobre este soneto del corazón dormido, que, no sé por qué razón pensaba que era de Laura Campmany, y viendo que no me cuadraba demasiado el estilo, me voy a google y tecleo el primer verso. Ahí la sorpresa. Descubro a JULIA PRILUTZKY FARNY

Y me seduce la fuerza y el estilo de esta mujer. En un romántico vital, con una energía lejana de esas otras tristezas clásicas hacia donde el soneto a veces nos lleva. Este soneto declara felicidad, y es curioso como los momentos felices llevan menos a la reflexión poética y más a la pura acción vital. Cuando uno está potente, vive, y cuando anda bajo de moral, escribe... y realmente... no es del todo así. La exaltación del pálpito vital también está en el soneto porque en un soneto cabe cualquier cosa y esto sí lo expresó LAURA CAMPMANY, en un soneto, claro.

Y las dos tan diferentes, tan distantes en tiempo y en espacio.. y he aquí los dos sonetos. Por eso y por no desmadejar del todo mi confusión tremenda, aúno ahora estos dos sonetos, los dos son bellos, exultantes, los dos son muy buena medicina para un momento gris, aportan una pincelada de color, de vida. Cierto que los dos acaban en asunto amor, pero también el resto es importante. Los últimos versos son la guinda, son ese remate que ha de quedar flotando en el aire, la exaltación concretada en el amor, vale, pero el resto del pastel es bizcocho de la mejor calidad, no quedarse sólo con la guinda.
Sonetos para un desayuno de domingo lluvioso y frío, para acompañar a un café calentito y sin prisa saboreando el tiempo lento de las diez de la mañana.
Cómo decir mi corazón dormido
desnudo de dolor, deshabitado;
cómo decir mi corazón guardado
de cualquier avidez, de todo olvido.
Cómo explicar que ya no importa el ruido
cuando el silencio es el mejor llamado,
y cómo revelar lo bien ganado
en este alegre amor de lo perdido.
Cómo decir que el sol está, y es mío;
que el horizonte más allá del río
me destina su espuma perdurable
y una callada urgencia que no afronto.
Cómo decir que soy feliz, de pronto,
feliz de una manera inexorable.
JULIA PRILUTZKY FARNY (1954)
En un soneto cabe cualquier cosa:
la tarde del revés, la golondrina
que asoló con sus alas mi oficina,
y el humo, convertido en mariposa.
Le cabe la certeza luminosa
del rayo que ni cesa ni fulmina.
Le cabe la soberbia gongorina
que urdió en la noche el nombre de la rosa.
Si abarcará universos literales,
campos, espigas, lunas, mares, montes,
que, por caber, le caben catedrales
y lirios que resumen horizontes.
¿Y dices que no cabe el amor nuestro?
Si me das un papel, te lo demuestro.
Laura Campmany (1993).
