CARTA A DON ANTONIO GALA

Naciste en el 36 ¡a quién se le ocurre! Mucho más tarde te conocimos, y nos gustó tu sonrisa burlona, tu acento, tu ceño airado, tu exquisita ironía. Muchos valoraron tu teatro por encima del resto de tu obra, y otros fueron fieles a tus novelas una tras otra. Como en un rincón, estábamos algunos, los que leíamos sobre todo tu poesía, los que nos quedábamos colgados de tanta pasión, una poesía intensa y profunda que nos dejaba siempre en un extraño estado de recogimiento. Los más bellos sonetos los hemos encontrado entre el revuelo de tus otros poemas. Valga la muestra
Tú me abandonarás en primavera,
cuando sangre la dicha en los granados
y el secadero, de ojos asombrados,
presienta la cosecha venidera.
Creerá el olivo de la carretera
ya en su rama los frutos verdeados.
Verterá por maizales y sembrados
el milagro su alegre revolera.
Tú me abandonarás. Y tan labriega
clareará la tarde en el ejido,
que pensaré: "Es el día lo que llega".
Tú me abandonarás sin hacer ruido,
mientras mi corazón salpica y juega
sin darse cuenta de que ya te has ido
Y este otro
Atardeció sin ti. De los cipreses...
a las torres, sin ti me estremecía.
Qué desgana esperar un nuevo día
sin que me abraces y sin que me beses.
A fuerza de tropiezos y reveses
la piel de la esperanza se me enfría.
Qué agonía ocultarte mi agonía,
y qué resurrección si me entendieses.
Atardeció sin ti. Seguro y lento,
el sol se derrumbó, limón maduro,
y a solas recibí su último aliento.
Quién me viera caer, lento y seguro,
sin más calor ni más resurgimiento,
gris el alma y frustrada entre lo oscuro.
Y aún otro más
Si todo acabó ya, si había sonado
la queda y su reposo indiferente,
¿qué hogueras se conjuran de repente
para encenderme el pozo del pasado?
¿Qué es esta joven sed? ¿Qué extraviado
furor de savia crece en la simiente?
Si enmudecí definitivamente,
¿para quién canta un nido en mi costado?
¿Por qué cruzas, abril, mis arenales
talándome el recuerdo y su enramada,
aromando rosales sin renuevo?
¿Qué esperanza me colina los panales?
¿Qué me das a beber de madrugada,
destructor de promesas, amor nuevo.
Y aún muchos más porque eres generoso,
Y de verte y de leerte ha surgido esa cosa tonta que llamamos cariño, y a veces pensamos que nos gustaría que fueras el tío Antonio y recibirte con un abrazo. Dicen que eres distante. Yo qué sé, a mí no me lo parece, distante no, quizá sabio, sabio sí.
Déjanos devolverte tus poemas como si fueran nuestros, porque no tenemos nada de tanto valor para ofrecerte, no nos gustan las despedidas, palabras tuyas son estas:" hay que saber decir adiós" tú lo sabes decir con elegancia, nosotros, ignorantes, no sabemos decirlo, no queremos.
Es hora ya de levantar el vuelo,
corazón, dócil ave migratoria.
Se ha terminado tu presente historia,
y otra escribe sus trazos por el cielo.
No hay tiempo de sentir el desconsuelo;
sigue la vida, urgente y transitoria.
Muda la meta de tu trayectoria,
y rasga del mañana el hondo velo.
Si el sentimiento, más desobediente,
se niega al natural imperativo,
álzate tú, versátil y valiente.
Tu oficio es cotidiano y decisivo:
mientras alumbre el sol, serás ardiente;
mientras dure la vida, estarás vivo.
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